La hipoxia intermitente es un tipo de entrenamiento para el cuerpo que consiste en respirar aire con menos oxígeno del habitual durante cortos periodos de tiempo, y después volver a respirar aire normal (o incluso aire con más oxígeno). Este proceso se repite varias veces en una misma sesión.
Cuando bajan los niveles de oxígeno, el organismo activa unas señales internas que ponen en marcha “mecanismos de defensa” y adaptación.
Entre otras cosas, esto puede:
- Aumentar la producción de glóbulos rojos para llevar más oxígeno en la sangre.
- Mejorar el funcionamiento de las mitocondrias, que son las centrales de energía de las células.
- Reducir la inflamación y el daño causado por el estrés oxidativo.
- Favorecer la creación de nuevas conexiones y células en el cerebro.
Si se aplica de forma controlada y adaptada a cada persona, la hipoxia intermitente puede ayudar en la recuperación después de problemas del corazón o los pulmones, mejorar el azúcar en sangre en personas con diabetes, mejorar el sueño al disminuir los niveles de estrés y aumentar la resistencia física y mental.
También se usa en el deporte, sobre todo en disciplinas de resistencia, porque ayuda a mejorar la capacidad para transportar y usar el oxígeno. En ese caso, puede hacerse incluso mientras se duerme, alternando noches con menos oxígeno y días con oxígeno normal.
En programas de salud, las sesiones suelen incluir de 5 a 10 ciclos, alternando periodos en que se respira menos oxígeno y periodos de respiración de aire con concentración normal de oxígeno o concentración superior, cada uno de 1 a 5 minutos, siempre bajo supervisión.
En resumen, es como un “entrenamiento celular” que enseña al cuerpo a funcionar mejor con menos oxígeno, para que después rinda más y se recupere mejor.
No lo dudes y pide cita para tu prueba de hipoxia intermitente.

